Las personas somos sujeto de estereotipos. Las mujeres, los hombres, todos. La diferencia es el nivel de vulnerabilidad en el que nos encontramos las mujeres, sobre todo las mujeres trans. Durante mi camino en transición he sido para mucha gente, cientos de cosas que realmente no soy, por el simple hecho de mi existencia trans. Ha sido frustrante y doloroso pero sin duda me ha hecho una mujer más fuerte y empática.

Para nosotras el tema de la femineidad es clave, necesario y a veces no es opcional sentirnos bellas y sobre todo, femeninas. Aquello nos hace sentir reconocidas como mujeres, nos empodera y asegura pequeñas victorias, como ser tratadas con respeto y caballerosidad, como que se refieran a nosotras con los pronombres correctos, un trago enviado desde la otra esquina del lugar, etc. Un vestido corto, el pelo arreglado y perfume hasta en los dedos de los pies, es lo que a algunas nos hace pasar la puerta de un bar con confianza. 

Una noche de sábado, una amiga y yo decidimos salir a tomar algo y bailar, el plan era bastante sencillo, nos arreglaríamos y saldríamos las dos solas, sin novios y sin intenciones de encontrar un novio para la noche. Solas. Llegamos a una discoteca y estábamos listas para pasarla bien, vestidas de negro entero con las uñas y labios rojos, bailando entre nosotras y bebiendo vodka con agua tónica. De repente se nos acerca un chico alto y atractivo, era libanés y apenas hablaba español, estaba solo y quería unirse, fue amable y gracioso, nos halagó a ambas pero no demasiado, con un aire de seguridad que nos hizo mirarnos y sonreír entre nosotras. 

Antes de seguirles contando esta historia, deben saber que yo trato de ser lo más amable posible con la gente que se me acerca,  además de que sé que puedo conocer a personas muy interesantes y claro, el tipo era lindo, ¿por qué no?. Bailamos un rato entre los tres y hasta que nos invitó a irnos con él a un departamento donde se supone continuaríamos “la farra”. Nos dijo que el ya no podía esperar más, entonces nos dimos cuenta que claramente lo que quería era llevarnos con él, seguir bebiendo en ese lugar más privado y lograr tener sexo con una o con las dos. 

Nosotras (mi amiga y yo) somos mujeres adultas, libres y abiertamente sexuales y si un día salimos a un sitio a divertirnos, nos gusta alguien, hay química y demás, probablemente nos animamos y nos vamos sin ningún tipo de prejuicio sobre nosotras mismas. Cada una tiene sus límites por supuesto, pero el detalle es; que esa noche y en ese momento, no queríamos irnos ni con él ni con nadie, habíamos recién llegado a la discoteca y teníamos ganas de quedarnos. Simplemente no queríamos ir y nuestra respuesta fue: “gracias, pero no” a lo que él respondió muy seguro metiendo su mano al bolsillo “ I got money”.  

Lo mire y por un segundo me dio gracia, no me ofendí, solo pensé que era un -imbécil-. Le volví a decir que no, con un amable: “gracias”. Él, con ánimo de convencernos sacó un fajo de billetes de 20 y me dijo “I got money” lo miré  fijamente y le repetí: “No”. El hombre no entendía, era como si él no estuviera siendo claro conmigo o yo con él, entonces se acercó un poco a mi oído y me dijo “But you are trans girls right? So let ‘s go!”. En ese instante entendí que como mi amiga y yo somos transexuales él asumió que éramos prostitutas. 

No fueron los vestidos negros o las bocas rojas, no fue que estabamos solas bailando y tomando,  éramos mujeres trans y por eso él no necesitó otra razón para asumir lo que estábamos dispuestas a hacer y simplemente supuso nuestra profesión. Esto sucedió en plena pista de baile, un cuadro vergonzoso de un tipo con con su fajito de billetes en la mano, extendiéndolo hacia mí y yo con mi cara de indignación tratando de mantener la calma. 

Hay algo importante que voy a aclarar; Mi declaración sobre la prostitución es la siguiete: no es tema para mi, no pienso que sea malo o raro, al contrario me parece común y hasta creo que, si esto me pasaba en otra época, sin la mirada de tanta gente, con otra mente y si los billetes eran de 100 y no de 20, por lo menos lo hubiera pensado pero no por trans, si no por chira…

Ante la insistencia evidente del tipo, un guardia de seguridad se acercó y lo alejó de nosotras, así que el tipo tuvo que irse. Nosotras nos quedamos, recuperamos las ganas de continuar la fiesta y disfrutamos la noche. 

Estoy segura que esto le pasa a muchas mujeres, somos juzgadas por cómo somos, por cómo hablamos, cómo nos vemos, cómo nos movemos y cómo nos vestimos. Si conversamos o no, si saludamos o no, si bailamos o no. Somos señaladas de mojigatas o prostitutas dependiendo del humor de quien juzgue, dependiendo de cómo se sintió en nuestra presencia y si logró o no lo que quería. Somos tratadas como filetes o premios, castigadas si somos activas sexualmente,  ridiculizadas si nos arreglamos demasiado y ninguneadas si no lo hacemos como “se espera”.

Hoy, pese a esto, quiero pedirles que sigamos hablando como hablamos, continuemos vistiéndonos como nos gusta, que sigamos saliendo solas o con amigas sin otra intención más que pasarla bien, sigamos sintiéndonos libres de decir que si o que no, que si se quieren ofender por ser percibidas como “putas” por llevar vestido corto que lo hagan, pero que luego entiendan que esa etiqueta no las representa y que si se quieren ir con quien les ofrece dinero para estar con ustedes que se vayan, hagan lo que quieran y háganlo porque lo quieren hacer, porque son conscientes de sus decisiones y porque no hay nada mejor, que hacerlo con libertad.

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